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Cara a cara, mientras hierve el caldo
28 feb
Que uno no es un profesional del póquer y no gano millones con mi juego impecable lo muestra el hecho de que escribo en este blog y ninguna casa de apuestas me sufraga nada, que no han leído sobre mí en ningún sitio y que si buscan mis resultados en Cara de poker o en Full Tilt verán que meto en mis cuentas más dinero del que saco. Penica. Fantasías aparte, juego para pasármelo bien, y como dice el chiste si ganara ya sería la hostia.
No sé con certeza las razones de mi nivel de juego pero después de darle vueltas me doy cuenta de que cuando juego on-line tarde o temprano siempre llego al mismo fatídico momento: permítanme que sea procaz y llamémosle el momento de “a tomar por culo”. Es ese punto en el que tras dos o tres sesiones de concentración y juego sensato nos puede el desenfreno, el vicio o la tontería y empezamos una mesa totalmente despistados. Como dice Biggles, jugamos desenfocados. Frente a la tele, con la cabeza en la noche del viernes o con la sartén en el fuego, abrimos el programa con ese irreflexivo y oscuro impulso ludópata. El resultado es que falta siempre paciencia y reflexión, las que te permiten en una mesa de verdad pensártelo dos veces antes de envidarte con una pareja baja, en el intento de semifarol más lamentable que haya visto una computadora. Imposible ganar un torneo, imposible acumular una banca decente. Más >
Típicos tópicos
12 ene
De buenas a primeras, al lector no iniciado o al que pasó por esa fase, le sonará la imagen tópica del póquer: poca luz, malas caras, tapete verde y mucho humo. Depende de qué referentes tengáis, también visualizaréis mucho dinero sobre la mesa, gente vestida de gánsteres y hasta alguna que otra mujer despampanante. Incluso perros jugando al póquer.
Bien, muchos hemos pasado por esa fase de desconocimiento total, donde los referentes se mezclan, nos dejamos seducir por el imaginario colectivo y acabamos con una idea como mínimo equivocada. En realidad una timba se parece poco o nada a todo eso.
Para empezar nadie conoce mujeres florero con el escote hasta el ombligo que te traigan un gin-tonic. Si las hay, estarán al lado de quien quiera pagarlas/mantenerlas.
Los tapetes, si bien mayoritariamente son verdes, se improvisan de cualquier color o estampado en casa de los amigos, y muchos casinos cuentan con azules, rojos o negros.
El tema de la luz se cuida como en cualquier evento social. O sea el que quiere currárselo busca puntos de luz para crear un buen ambiente pero, reconozcámoslo, con poca luz no se ven las cartas.
La archinombrada ‘cara de poker’ muchas veces se confunde o se imagina como una cara de pocos amigos, pero en el fondo nadie va de sobrado, macarra, o intimidante a jugar con amigos o conocidos. En el casino tampoco veréis las dos últimas. Y la cara de póquer es la que no muestra expresión alguna. Más >
