Entradas etiquetadas con escalera real
Grandes Manos
5 jul
Muchas veces hemos soñado con las mejores manos, las de película, las que nunca te salen. De hecho hemos comentado algunas aquí de esas que pocas veces se repiten aunque se recuerden durante mucho tiempo.
Depende mucho del azar, que los astros se alineen para que ese día la baraja deje ir jugadas de calibre. Quizá te pasas 5 horas con un juego la mar de mediocre y de golpe reflexionas en voz alta ¿Hoy no ha salido ni un full, verdad? O quizá todo lo contrario, de golpe la gente empieza a ligar lo más improbable durante un buen rato y cuando alguien gana con ‘solo’ doble pareja hasta te sorprendes de que se gane con tan ‘poco’ juego.
Sea más o menos a menudo vamos viendo colores altos o fulls que ganan a tríos o escaleras, pero hay jugadas que se resisten más a aparecer: Escaleras de color y pokers. Y encima, por si poco se las viera, muchas veces ni tan solo brillan tanto como te habías imaginado. Me refiero a esas grandes manos que aparecen cuando no tienes ningún rival, esos potes paupérrimos que no son dignos de las cartas que se muestran, pero bueno, si nadie tenia más que una parejita quizá se ha hecho bien no asustando al contrincante… Pero luego enseñamos y nada, podríamos haber ganado con mucho menos, de hecho es justo esto lo que te enfada, frases del tipo “Con dobles parejas ya me ganabas”, de lo peor que pueden decir si acabas de enseñar escalera de color. Un bajón total.
Todo lo contrario, el otro día vimos una jugada que al menos fue acompañada y bastante lucida.
Resumiendo, en la mesa iba apareciendo un campo de tréboles y para cuando aparece el cuarto ya solo quedaban dos jugadores. Uno engaña “¿Qué, ya te ha salido el color, no?” el otro miente con su tranquilidad, se suben y se igualan. La última carta no aporta nada y empieza la guerra. Gran subida, re-subida de hipo y después de poner el resto el otro lo ve con todo lo que le queda. Uno se alegra “¡Vengaaa! Color al As”, el otro se espera “Con el dos y el tres, Escalera de Color”.
El día
21 feb
Durante todo el día la humedad superó el 75 %. En el exterior de la sala la tarde caía. El tipo sentado a mi izquierda en ese momento, rozaba las mangas de su chaqueta verde contra el canto de la mesa una y otra vez y se removía inquieto sobre su silla plegable, las que se sacan cuando vienen visitas. Al resto de jugadores los reconocí enseguida de otras timbas, eran los habituales.
Yo no sabía aún que El Día había llegado.
Las primeras manos fueron flojas, de pasar el rato entre risas. Yo intenté en todo momento, como siempre hago, ligar juego desde el principio, algunos jugadores lo supieron ganar, otros simplemente se retiraron.
El atardecer fue dejando paso a la noche y la noche, a la madrugada, y las jugadas fueron subiendo su calidad para disfrute de todos. No podría existir un clima mejor para lo que ocurriría esa misma noche, exactamente 53 minutos después de medianoche.
La pieza dealer pasó a manos del tipo de la chaqueta verde y con las apuestas obligadas sobre la mesa, repartió cartas, mi momento estaba a punto de llegar. Hubo varias apuestas, uno de los habituales resubió y todos lo vieron. El flop dejó entrever que mi presentimiento no era casual, las musas estaban de mi lado, tres figuras de diamantes auguraban un juego espectacular. Nadie respiró, nadie apostó. Diez de diamantes sobre el tapete y un par de all ins.
Fue entonces cuando me acercó a su boca, me besó, me acarició con sus dedos ligeramente húmedos y me dejó caer sobre la mesa, la cuarta figura de diamantes fui yo. Un día de gran juego.
