Timba
De farol
10 mar
farol.(De faro).
m. En el juego, envite falso hecho para desorientar o atemorizar.
El farol. Sus seguidores y defensores: los faroleros. El término aplicado al juego, como vemos en la Real Academia, tiene su origen en “emitir luz” como los faros. Y aquí puntualizo que no se trata de alumbrar nada ni echar luz sobre algo, con el farol lo que intentamos es deslumbrar.
Imaginémonos el Titanic dirigiéndose hacia nuestro modesto bote de remos, en una perfecta trayectoria hacia nuestra destrucción. Cogemos nuestro farol que más alumbre y lo dirigimos directamente hacia él, esperando que vire y se aleje de la supuesta tierra con la que está a punto de colisionar. Así funciona el farol, intentamos aparentar algo que no tenemos. Para que funcione tenemos que conocer en qué situación estamos: en el caso de nuestro bote y el Titanic no estaría de más poner el farol tan alto como podamos y hacerlo girar para parecer un faro.
Esta maniobra utilísima se usa a menudo aun sin saber que estas “faroleando”. Un jugador inexperto, esperando un remoto (con pocas probabilidades) proyecto de escalera o color, puede echar a un contrincante con juego ligado gracias a su desmesurada apuesta. Incluso el “inmerecido” vencedor creerá haber actuado mal al no conseguir ganarle mucho dinero al otro gracias al proyecto finalizado, pero dadas las circunstancias su movimiento ha sacado el mayor provecho de su juego real. Más >
Cosas que odio del Poker
4 mar
El típico jugador que no está por el juego, ése que corta el ritmo de la partida.
Muy hablador aunque normalmente no suele hablar de poker. Habla de todo porque sabe de todo, es un profundo entendido de casi todos los temas posibles de los que se pueda hablar y/o/u opinar. Es una de esas personas con las que intentas no tener contacto visual porque sabes que si lo haces, irremediablemente la conversación se desviará hacia ti, y después de cada pausa el tipo en cuestión esperará alguna reacción por tu parte (claro, claro…sí,sí..) mientras tú intentas recordar quién resubió pre-flop y cuántos jugadores quedan en la mano. Hablan, hablan y hablan sin parar… intentan convencerte con sus argumentos chochos y con extraordinaria vehemencia sobre aspectos muy variados de la vida, con esa mirada paternal…
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El día
21 feb
Durante todo el día la humedad superó el 75 %. En el exterior de la sala la tarde caía. El tipo sentado a mi izquierda en ese momento, rozaba las mangas de su chaqueta verde contra el canto de la mesa una y otra vez y se removía inquieto sobre su silla plegable, las que se sacan cuando vienen visitas. Al resto de jugadores los reconocí enseguida de otras timbas, eran los habituales.
Yo no sabía aún que El Día había llegado.
Las primeras manos fueron flojas, de pasar el rato entre risas. Yo intenté en todo momento, como siempre hago, ligar juego desde el principio, algunos jugadores lo supieron ganar, otros simplemente se retiraron.
El atardecer fue dejando paso a la noche y la noche, a la madrugada, y las jugadas fueron subiendo su calidad para disfrute de todos. No podría existir un clima mejor para lo que ocurriría esa misma noche, exactamente 53 minutos después de medianoche.
La pieza dealer pasó a manos del tipo de la chaqueta verde y con las apuestas obligadas sobre la mesa, repartió cartas, mi momento estaba a punto de llegar. Hubo varias apuestas, uno de los habituales resubió y todos lo vieron. El flop dejó entrever que mi presentimiento no era casual, las musas estaban de mi lado, tres figuras de diamantes auguraban un juego espectacular. Nadie respiró, nadie apostó. Diez de diamantes sobre el tapete y un par de all ins.
Fue entonces cuando me acercó a su boca, me besó, me acarició con sus dedos ligeramente húmedos y me dejó caer sobre la mesa, la cuarta figura de diamantes fui yo. Un día de gran juego.
