Cara a cara, mientras hierve el caldo
Que uno no es un profesional del póquer y no gano millones con mi juego impecable lo muestra el hecho de que escribo en este blog y ninguna casa de apuestas me sufraga nada, que no han leído sobre mí en ningún sitio y que si buscan mis resultados en Cara de poker o en Full Tilt verán que meto en mis cuentas más dinero del que saco. Penica. Fantasías aparte, juego para pasármelo bien, y como dice el chiste si ganara ya sería la hostia.
No sé con certeza las razones de mi nivel de juego pero después de darle vueltas me doy cuenta de que cuando juego on-line tarde o temprano siempre llego al mismo fatídico momento: permítanme que sea procaz y llamémosle el momento de “a tomar por culo”. Es ese punto en el que tras dos o tres sesiones de concentración y juego sensato nos puede el desenfreno, el vicio o la tontería y empezamos una mesa totalmente despistados. Como dice Biggles, jugamos desenfocados. Frente a la tele, con la cabeza en la noche del viernes o con la sartén en el fuego, abrimos el programa con ese irreflexivo y oscuro impulso ludópata. El resultado es que falta siempre paciencia y reflexión, las que te permiten en una mesa de verdad pensártelo dos veces antes de envidarte con una pareja baja, en el intento de semifarol más lamentable que haya visto una computadora. Imposible ganar un torneo, imposible acumular una banca decente. Pues, amiguitos, desde hace un par de semanas he descubierto que una forma resultona de controlar, o al menos atenuar, estos malos vicios en las mesas virtuales son las partidas cara a cara, las de dos jugadores con premios a doble o nada. Tengan la estructura que tengan, con las ciegas subiendo a la velocidad que sea, son partidas que acaban como mucho en quince minutos, por lo que es viable jugar para pasar el mono, en la pausa publicitaria o antes de ir a dormir. Como juegas solo contra otro, a menudo las decisiones son más sencillas, el momento de envidarse llega muy pronto. Además, y este es el punto esencial de mi razonamiento, es más difícil que se te vaya la atención porque en todas las manos juegas y porque, además, el rango de manos se amplía –para que nos entendamos, por ejemplo, la mayoría de las veces subo con Q5-.
Supongo que por algo similar a esto último Full Tilt se inventó el Rush Poker, que permite a los jugadores no perderse ni una sola mano cambiándolos de mesa siempre que tiran las cartas. Alguien dirá que toda esta mandanga desvirtúa totalmente el póquer e incluso que el cara a cara es un juego totalmente distinto, quizá más en manos de la fortuna que una mesa llenita de jugadores. No lo niego. El problema es que me puede el impulso y el vicio. Y que cuando acaban los anuncios es muy fácil levantar la vista.
| Imprimir artículo | Este artículo fue publicado por Adrián Crespo el 28 febrero, 2011 a las 15:13, y está archivado en En línea. Sigue las respuestas a esta entrada a través de RSS 2.0. Puedes dejar un comentario o enviar un trackback desde tu propio sitio. |
