Led
Estupendo!
Entradas de Led
Jugar al póquer con Indiana Jones
24 ene
Indiana Jones será el último en llegar y abrirá la puerta de golpe, como si viniera corriendo, seguramente huyendo de los resultados persecutorios de alguna de sus canalladas, y se quedará inmóvil percatándose de que con el ruido del portazo ha interrumpido al resto de jugadores que han empezado sin él y que ahora le miran con desdén. Acto seguido echará un vistazo al resto de jugadores mientras se acerca lentamente y sonriendo hacia su silla sacudiendo el polvo de su camisa. Jugará de farol al principio, como canalla que es, apostando una cantidad discreta, porque siempre tuvo alma de tacaño, y lo hará tomándose su tiempo. Si no consigue que el rival se retire, entonces jugará a distraer, seguramente agitará sus dedos sobre las fichas, cogiendo un puñado de ellas, descartando tres o cuatro, volviéndolas a colocar en su sitio… se frota la nariz… después se rasca la cabeza ligeramente con un dedo… ahora sonríe mirando sus fichas… riéndose de sus propios pensamientos, susurra algo a sus cartas… pero no será una actitud premeditada, lo hará porque así es Indiana Jones. Tal vez simulará tener algún tic molesto, un ojo que parpadea sin control o tal vez un hombro que sube y baja cada vez que el rival acerca sus manos a las fichas para subirle la apuesta, o silbará o tarareará alguna cancioncilla pegadiza para tratar de descolocar al rival que acabará por abandonar la jugada totalmente desconcentrado, nervioso y tarareando la cancioncilla pegadiza mientras el ganador sonríe (encantadoramente) colocándose el sombrero polvoriento sobre la cabeza.
La magia del póquer
19 ene
Dejando aparte mi muchas veces pésima manera de jugar, hay un fenómeno que sucede día si y día también en cualquier timba que se preste, desde un gran torneo en el casino hasta echando unas manitas tranquilamente entre amigos. Y es algo inexplicable, inmensurable, impredecible, es la suerte.
El jugador de póquer sabe que en este juego la suerte queda en un segundo plano, pero queda; ahí está mirándote de cara o dándote cruelmente la espalda en jugadas que por estrategia deberían acabar en triunfo para uno mismo pero no es así. ¿Qué eres, Suerte? ¿De dónde sales? ¿Cómo decides hacia dónde te moverás esta vez? Está claro, y a todos los que hemos jugado alguna vez nos ha pasado, que después de una mala racha, jugando sólo cartas buenas, apostando cuando se debe y retirándose cuando las posibilidades de ligar juego son pocas, quizás durante una hora o dos sin poder ligar juego, empiezan a venir de repente jugadas espectaculares. Hasta las cartas de mano que a priori no deberían jugarse consiguen terminar en jugadas magníficas.
¿Es la magia del poker?
Cosas que odio del Poker – Capítulo 2
10 may
Dicen que la mujer, en general debe trabajar el doble que un hombre para conseguir lo mismo, tanto económicamente como en lo que se refiere al reconocimiento del esfuerzo. Eso en el poker suele pasar hasta que una mujer gana su primera mano del día. No nos engañemos, a muchos jugadores les choca tener a una mujer jugando en su misma mesa, están incómodos y sólo cuando ésta queda fuera de la partida pueden volver a relajarse y concentrarse en el juego. Algunos dan por sentado que al ser invitados a una timba pasarán una noche entre hombres, y al ver que tendrán a una mujer sentada a su lado digamos que ponen “cara de poker” antes de empezar a jugar. Eso es lo que me ha ocurrido ya dos veces..
Más >
Cosas que odio del Poker
4 mar
El típico jugador que no está por el juego, ése que corta el ritmo de la partida.
Muy hablador aunque normalmente no suele hablar de poker. Habla de todo porque sabe de todo, es un profundo entendido de casi todos los temas posibles de los que se pueda hablar y/o/u opinar. Es una de esas personas con las que intentas no tener contacto visual porque sabes que si lo haces, irremediablemente la conversación se desviará hacia ti, y después de cada pausa el tipo en cuestión esperará alguna reacción por tu parte (claro, claro…sí,sí..) mientras tú intentas recordar quién resubió pre-flop y cuántos jugadores quedan en la mano. Hablan, hablan y hablan sin parar… intentan convencerte con sus argumentos chochos y con extraordinaria vehemencia sobre aspectos muy variados de la vida, con esa mirada paternal…
Más >
El día
21 feb
Durante todo el día la humedad superó el 75 %. En el exterior de la sala la tarde caía. El tipo sentado a mi izquierda en ese momento, rozaba las mangas de su chaqueta verde contra el canto de la mesa una y otra vez y se removía inquieto sobre su silla plegable, las que se sacan cuando vienen visitas. Al resto de jugadores los reconocí enseguida de otras timbas, eran los habituales.
Yo no sabía aún que El Día había llegado.
Las primeras manos fueron flojas, de pasar el rato entre risas. Yo intenté en todo momento, como siempre hago, ligar juego desde el principio, algunos jugadores lo supieron ganar, otros simplemente se retiraron.
El atardecer fue dejando paso a la noche y la noche, a la madrugada, y las jugadas fueron subiendo su calidad para disfrute de todos. No podría existir un clima mejor para lo que ocurriría esa misma noche, exactamente 53 minutos después de medianoche.
La pieza dealer pasó a manos del tipo de la chaqueta verde y con las apuestas obligadas sobre la mesa, repartió cartas, mi momento estaba a punto de llegar. Hubo varias apuestas, uno de los habituales resubió y todos lo vieron. El flop dejó entrever que mi presentimiento no era casual, las musas estaban de mi lado, tres figuras de diamantes auguraban un juego espectacular. Nadie respiró, nadie apostó. Diez de diamantes sobre el tapete y un par de all ins.
Fue entonces cuando me acercó a su boca, me besó, me acarició con sus dedos ligeramente húmedos y me dejó caer sobre la mesa, la cuarta figura de diamantes fui yo. Un día de gran juego.

