Adrián Crespo
(Barcelona, 1981)
Entradas de Adrián Crespo
Cara a cara, mientras hierve el caldo
28 feb
Que uno no es un profesional del póquer y no gano millones con mi juego impecable lo muestra el hecho de que escribo en este blog y ninguna casa de apuestas me sufraga nada, que no han leído sobre mí en ningún sitio y que si buscan mis resultados en Cara de poker o en Full Tilt verán que meto en mis cuentas más dinero del que saco. Penica. Fantasías aparte, juego para pasármelo bien, y como dice el chiste si ganara ya sería la hostia.
No sé con certeza las razones de mi nivel de juego pero después de darle vueltas me doy cuenta de que cuando juego on-line tarde o temprano siempre llego al mismo fatídico momento: permítanme que sea procaz y llamémosle el momento de “a tomar por culo”. Es ese punto en el que tras dos o tres sesiones de concentración y juego sensato nos puede el desenfreno, el vicio o la tontería y empezamos una mesa totalmente despistados. Como dice Biggles, jugamos desenfocados. Frente a la tele, con la cabeza en la noche del viernes o con la sartén en el fuego, abrimos el programa con ese irreflexivo y oscuro impulso ludópata. El resultado es que falta siempre paciencia y reflexión, las que te permiten en una mesa de verdad pensártelo dos veces antes de envidarte con una pareja baja, en el intento de semifarol más lamentable que haya visto una computadora. Imposible ganar un torneo, imposible acumular una banca decente. Más >
Las alegres aventuras del Gran Danés
21 feb
Hansen, Gus
Poker mano a mano con Gus Hansen
Madrid, 2010. La esfera de los libros
No hace mucho leí no recuerdo dónde que cuando a Doyle Brunson le preguntaron por qué no jugaba según el Super/System, su famoso manual, su única respuesta fue una sonrisa. La lectura benevolente del gesto es que Texas Dolly es capaz de adaptarse a los nuevos tiempos, por lo que una vez desvelada en su libro aquella fórmula ganadora supo cambiar y jugar al revés de como recomendaba. La lectura perversa y escéptica es que Doyle, autor cínico de tan tahúr, sistematizaba una forma de juego en la que creía solo a medias. Su sonrisa en este caso nos estaría confesando que solo los jugadores mediocres juegan según un manual.
Me gusta creer en esto último; aunque reconozco haber comprado varios libros de autoayuda para el póquer, creo que son de más utilidad para el autor, por los eurillos que se saca y por lo útil de juntar letras para ordenar y entender las propias ideas, que para el lector, que lo que tiene que hacer para mejorar su juego es jugar, contar probabilidades y cometer errores. Al fin y al cabo, a comerte los nervios y a sobreponerte al miedo escénico en una mesa desconocida no te puede enseñar nadie; para todo lo demás, estoy convencido de que basta con un manual de probabilidad.
Por eso me gusta el Poker mano a mano de Gus Hansen, porque con una honestidad brutal, reconociendo errores y matizando aciertos, no recomienda qué hacer al lector en situaciones reales o imaginarias sino que se limita a explicar qué hizo él en el torneo Aussie Millions de 2007. Parece ser que grabadora en mano fue tomando nota de las 329 manos que jugó desde el 5-7 de picas que daba inicio al torneo hasta la pareja de ases con la que ganó el cara a cara a Jimmy Fricke, para después, ya frente al teclado, interpretarse a sí mismo. Más >
Esas manos, majo
7 feb
Aunque la gracia de la cosa ésta es que es un juego de cartas en el que las cartas importan poco, la manía de hablar de ellas como si fueran ligues de discoteca es pertinaz. Esa pareja de treses, tan bajita ella, me ha aportado mucho más de lo que parecía a simple vista. Y sí, AQ está muy bien, muy resultona y tal, pero si no podéis ir luego juntos a tomaros un café con leche, ya me dirás.
Valorar manos es de las primeras cosas que hacemos cuando aprendemos a jugar y ya hemos pasado esa fase en la que de tan insensatos le ganamos unos pocos cuartos al que sabe mucho. Un buen día aprendemos que ir con cualquier cosa puede salirnos muy caro, se nos cae el velo y descubrimos que hacer palmas de euforia con los pies por tener un mísero rey mal acompañado es un error de juventud; de infancia, si me apuran. Lo que pasa es que al día siguiente vemos por la tele a Tom Dwan apostar fuerte con J6 y no entendemos la diferencia. Y en realidad es tan sencillo como distinguir a un calvo con mal humor de otro que se ríe de su alopecia: el segundo conoce sus limitaciones y actúa en consecuencia. Más >
Tres orígenes
29 ene
Que el perfil de las personas que juegan a póquer es cada vez más variado es una evidencia en cuanto cada día más gente aprende a jugar. Gracias al influjo de la televisión, de las entrevistas a Leo Margets y de juegos on-line como el de Facebook, mujeres mayores se enfrentan a día de hoy en torneos de todo el país a chavales engominaditos que podrían ser sus nietos. El quiosquero gana al profesor de instituto y un mecánico fondón de veintipocos años se lleva el preciado brazalete. Poco a poco va habiendo de todo en la villa del señor.
No obstante a fuerza de leer revistas, páginas de actualidad sobre póquer y entrevistas a ganadores de torneos con apodos sacados de un relato de Lovecraft vemos algunos perfiles que se repiten a menudo entre los jugadores a los que les van bien las cosas. Curiosamente muchas de las personas que obtienen buenos resultados con las cartas proceden de aficiones y entornos profesionales similares. En concreto, y sin afán clasificatorio, distinguimos tres o cuatro actividades que aparecen constantemente en las biografías y que, pese a no tener ninguna relación la una con la otra, cada una de ellas está relacionada de algún modo con el póquer. Son en primer lugar el deporte, en segundo lugar las finanzas y en tercer lugar otros juegos de mesa. Podemos pensar que las pautas son casualidad o hacernos alguna pajilla divagando por qué hay tantos tenistas, brokers, ajedrecistas o incluso jugadores de Magic que han cambiado o alternan sus actividades originales con el póquer. Mal bloguero sería si no optara por la pajilla. Más >
¿A que no sabes a quién me follé anoche?
21 ene
Si hay algo que lamentablemente acerca el póquer a la testosterona y al imaginario masculino no es por supuesto el juego en sí sino aquel vicio tan de machote celtíbero de comentar las jugadas exaltando los aciertos propios y ensañándose con los errores ajenos. Al menos en los ambientes de juego en los que un servidor se mueve, no hay quisqui que tras una jugada decisiva opte por tragar saliva y reflexionar sobre los errores y aciertos de la mano calladito y para sus adentros. Sea en la mesa, para purgación del resto de jugadores y crupieres, o ya en el bar cubatilla en ristre, todo el mundo tenemos algo que decir sobre cualquier jugada, porque aparte de que seguramente somos todos los mejores jugadores de Europa, como en el chiste del naufrago y Claudia Schiffer lo que mola en realidad es contarlo.
La cosa ésta de comentar las jugadas es al fin y al cabo una cuestión de orgullo, que es como los cursis llaman a los cojones. Todos nos hacemos más hombres y más españoles si defendemos irreflexivamente nuestras decisiones en el juego, aunque un atisbo de sentido común nos diga desde el hipotálamo que en realidad la hemos cagado; por el contrario, aceptar el error públicamente es como poco de sodomitas, una muestra de debilidad, que en el póquer se hace imperdonable porque te convierte en carnaza para tus contrincantes. Hay que hablar mucho de lo que ha pasado, de las probabilidades que tenías de ganar con pareja alta frente a proyecto de color, del tamaño apropiado de la apuesta ante un jugador con poquitas fichas, del frío que hace en el casino, pero siempre, siempre, dejando clarinete que la jugada correcta era la tuya, que tu apuesta era digna de Phil Ivey y que el frío a ti te la trae muy floja porque tienes los huevos más gordos que el caballo de Espartero. Como Iker Casillas, como don José María Aznar López, como Joan Laporta, como Txeroki, como Gregorio Ordóñez. Más >
Sucios capitalistas (y 2)
10 ene
En una entrada anterior intenté argumentar por qué creo que no es del todo cierto que el que de más dinero disponga más fácil lo tiene para ganar a póquer. No es un juego para ricos ni por lo tanto socialmente injusto o “de derechas” en sus reglas, si se me permite la expresión. Y sin embargo algo falla, algo sigue oliendo mal cuando uno baja a un casino a jugar tan pancho después de pasarse toda una sobremesa de domingo criticando con el cuñado las injusticias del capitalismo.
Por un lado, el casino no puede quitarse de encima, porque mucho de verdad hay en todo ello, su imagen de garito de blanqueo para malandrines de alto copete o de pasatiempo vacío para viejos de la calle Mandri con americana de tweed. El casino ha sido siempre un espacio burgués que, por usos, costumbres y confusiones ideológicas posmodernas, ha acabado en manos de los hijos de vecino, como el golf, el esquí o los bolsos Tous, ejemplos clarísimos de generalización del pijerío. Y, para ser honestos, que los casinos sean frecuentados por ricos no es argumento suficiente en su contra si detrás no hay razones económicas o sociales para que esto suceda; si pobres y ricos pueden confluir alrededor de una ruleta o de un tapete con la misma facilidad, porque la apuesta mínima es asequible y en el acceso al local no hay gorilas que distingan clases sociales entre los visitantes, no podemos culpar al juego de la presencia mayoritaria de potentados en los casinos. Más >
Sucios capitalistas (1)
5 sep
Aparte de mi pertinaz manía de colar faroles en momentos claramente inadecuados, una de las cosas que me preocupa desde hace tiempo respecto al póquer son sus implicaciones políticas y la responsabilidad que conlleva jugar si uno vigila mínimamente por donde pisa. A la mala conciencia, me refiero.
En este sentido, el otro día voy y me encuentro con un metrallazo leído por ahí, en uno de los comentarios a un reportaje sobre el tema en el diario Público, que apunta precisamente a donde escuece. La acusación era sencilla: el póquer es un “juego capitalista” porque “el que de más guita dispone es el que más fácil lo tiene para ganar”. Me preguntarán qué hago yo discutiendo comentarios anónimos. La cosa es que, en fin, no puede ser que uno vaya por el mundo con la cerviz levantada, diciendo que opino esto y lo otro, con esa superioridad moral que da saberse de izquierdas y por lo tanto más guapo, si luego un cualquiera me echa en cara que juego a un juego capitalista. Puedo aguantar, porque me resbalan, las acusaciones morales, las alarmas de ludopatía, las preocupaciones de mi abuela que me quiere más que a las pesetas y las de las beatas que piensan en un señor apostando y ven a Pedro Botero. Las que ya no aguanto tanto son las que ponen en duda mi coherencia política.
Mr Mudd and Mr Gold
6 abr
Hoy hablamos poco. Le he pedido a Townes Van Zandt que nos cante una canción sobre el Five-card Stud y él ha accedido amablemente. Más abajo, la letra.
Expiación
17 mar
Relacionado como verán con el post anterior, necesito explicar y dejar aquí colgado por un tiempo el error que cometí el lunes en el Poker In y que merece que me ponga de rodillas de cara a la pared con birrete de burro. No es que jugara mal del todo y al fin y al cabo un error es solo un error, pero un error que se repite pertinaz, partida tras partida, torneo tras torneo, no puede ser solo un error: es también signo de mal juego, incluso de cerrazón ante las cosas de la vida que hay que ir cambiando y que aún esforzándonos no somos capaces de cambiar. Ya saben, uno hace categorí
a de la anécdota y tras un mal torneo se replantea hasta el color de los calcetines. Lo que no puede ser es que tropiece siempre con la misma piedra, sistemáticamente. Espero que este post sea el primer paso necesario para el cambio: reconozcamos el error.
Y el error consiste en huir hacia delante y no saber parar cuando todo indica a las claras que me estoy echando la soga al cuello. En concreto consiste en intentar un farol sin siquiera haber visto el flop en una mesa llena de jugadores con muchas más fichas que yo y, aún teniendo a mi lado a un tipo que me aguanta los envites, seguir echando puntos al bote sin pensar que quizá sea él el que está jugando conmigo, que quizá juegue lento con una barbaridad de mano. Vamos, consiste en ser paloma por querer ser gavilán; como un soldadito adolescente oculto entre matorrales en pleno Vietnam que de repente, acojonado por los horrores de la guerra, loco de remate, sale gritando de su escondite para matar charlies y cae abatido en seis segundos. Ese fue mi error. Más >



