Pero… ¿quién la tiene mas gorda? (1)
11 mar
Hace unos días un conocido empezó a contabilizar los resultados de los pequeños campeonatos que hacemos -ilegalmente- en la comodidad de nuestros hogares. Nos propuso mantener una lista con las posiciones y ganancias de los jugadores que habitualmente los jugamos, puesto que seamos cuantos seamos siempre hacemos una estructura de ciegas muy parecida. Básicamente la típica comparación de tamaños, egos o habilidades.
El otro día me dio por mirar la puntuación que proponía, junto con la posición y las ganancias, para mantener algo parecido a una clasificación de jugadores. Y pensé cuál sería la forma de hacer una “buena” clasificación.
Antes de pensar en números, probabilidades y medias ponderadas me pregunté qué es lo que los jugadores valoramos. Aquí ya podemos empezar a discutir qué es lo que mas pesa para considerar a uno un buen jugador, pero me parecía que hay tres conceptos que son de cajón:
- La posición en que finaliza
- La posición en premios
- Las ganancias acumuladas
¿A cuál daríais mas importancia?
Cara a cara, mientras hierve el caldo
28 feb
Que uno no es un profesional del póquer y no gano millones con mi juego impecable lo muestra el hecho de que escribo en este blog y ninguna casa de apuestas me sufraga nada, que no han leído sobre mí en ningún sitio y que si buscan mis resultados en Cara de poker o en Full Tilt verán que meto en mis cuentas más dinero del que saco. Penica. Fantasías aparte, juego para pasármelo bien, y como dice el chiste si ganara ya sería la hostia.
No sé con certeza las razones de mi nivel de juego pero después de darle vueltas me doy cuenta de que cuando juego on-line tarde o temprano siempre llego al mismo fatídico momento: permítanme que sea procaz y llamémosle el momento de “a tomar por culo”. Es ese punto en el que tras dos o tres sesiones de concentración y juego sensato nos puede el desenfreno, el vicio o la tontería y empezamos una mesa totalmente despistados. Como dice Biggles, jugamos desenfocados. Frente a la tele, con la cabeza en la noche del viernes o con la sartén en el fuego, abrimos el programa con ese irreflexivo y oscuro impulso ludópata. El resultado es que falta siempre paciencia y reflexión, las que te permiten en una mesa de verdad pensártelo dos veces antes de envidarte con una pareja baja, en el intento de semifarol más lamentable que haya visto una computadora. Imposible ganar un torneo, imposible acumular una banca decente. Más >
El poder de la estrategia
24 feb
Negreanu, Daniel et alt.
Poker Texas Hold’em, el poder de la estrategia
Barcelona, 2010. Ed. Corazón de as
Dando tumbos por unos grandes almacenes de cultura estas fiestas navideñas me topé de pronto con él. Lo encontré sin buscarlo. Le eché un vistazo rápido y no dudé en comprarlo: no cada día se puede disfrutar de un libro de póquer centrado en la modalidad Texas Hold’em y escrito por el gran Daniel Negreanu. Tenía la sensación de tener mucho poder en mis manos, pero se desvaneció rápidamente al leer los prólogos y la contraportada, tras las cuales parece que el más tonto será capaz de hacerse rico por el simple hecho de leer este libro. Empezamos mal, Daniel, me dije. Por suerte esta mala impresión se desvanece rápido al ver que el libro está muy bien estructurado y que presenta una gran edición, con un redactado claro y una traducción muy buena técnicamente hablando.
Poker Texas Hold’em, el poder de la estrategia está editado efectivamente por Daniel Negreanu, aunque cada capítulo tiene un autor diferente. El capítulo inicial, escrito por Evelyn Ng, explica una técnica sencilla y elemental para jugar contra jugadores más experimentados que nosotros que, aunque nunca la aplicaremos por monótona y aburrida, es muy interesante de leer. Le sigue el capítulo escrito por Todd Brunson que se centra en las partidas de efectivo con límites altos que, aunque parezca que no nos pueda interesar a la gran mayoría, aporta conocimientos interesantes sobre la psicología y la importancia de la imagen que uno tiene en la mesa. El tercer capítulo, especialmente decepcionante por las altas expectativas generadas, está escrito por Erick Lindgren y se centra en al juego por internet sin aportar mucho más de lo que un jugador de nivel medio y acostumbrado a jugar en la red ya sabe. Más >
Las alegres aventuras del Gran Danés
21 feb
Hansen, Gus
Poker mano a mano con Gus Hansen
Madrid, 2010. La esfera de los libros
No hace mucho leí no recuerdo dónde que cuando a Doyle Brunson le preguntaron por qué no jugaba según el Super/System, su famoso manual, su única respuesta fue una sonrisa. La lectura benevolente del gesto es que Texas Dolly es capaz de adaptarse a los nuevos tiempos, por lo que una vez desvelada en su libro aquella fórmula ganadora supo cambiar y jugar al revés de como recomendaba. La lectura perversa y escéptica es que Doyle, autor cínico de tan tahúr, sistematizaba una forma de juego en la que creía solo a medias. Su sonrisa en este caso nos estaría confesando que solo los jugadores mediocres juegan según un manual.
Me gusta creer en esto último; aunque reconozco haber comprado varios libros de autoayuda para el póquer, creo que son de más utilidad para el autor, por los eurillos que se saca y por lo útil de juntar letras para ordenar y entender las propias ideas, que para el lector, que lo que tiene que hacer para mejorar su juego es jugar, contar probabilidades y cometer errores. Al fin y al cabo, a comerte los nervios y a sobreponerte al miedo escénico en una mesa desconocida no te puede enseñar nadie; para todo lo demás, estoy convencido de que basta con un manual de probabilidad.
Por eso me gusta el Poker mano a mano de Gus Hansen, porque con una honestidad brutal, reconociendo errores y matizando aciertos, no recomienda qué hacer al lector en situaciones reales o imaginarias sino que se limita a explicar qué hizo él en el torneo Aussie Millions de 2007. Parece ser que grabadora en mano fue tomando nota de las 329 manos que jugó desde el 5-7 de picas que daba inicio al torneo hasta la pareja de ases con la que ganó el cara a cara a Jimmy Fricke, para después, ya frente al teclado, interpretarse a sí mismo. Más >
Fans
14 feb
Sabemos que sois pocos. Las visitas no mienten, con lo cual sabemos que no pasáis de la cincuentena. Así que cuando un lector se marca un detallazo como éste, aunque además sea amigo nuestro, hay que nombrarlo. Qué nombrarlo, ¡entronarlo!
Ducadam, ávido comentarista de este blog, esperemos que seguidor del mismo por muchos años, se marcó este detalle en la última timba:
Encargó unas cervezas etiquetadas como veis con nuestro logotipo y, ya de paso, intentó enternecernos en una partida que se anunciaba dura. ¿Qué decir, qué callar? Como mínimo le dedicamos esta entrada y le decimos que siempre le guardaremos un rincón en nuestro corazón, en nuestras mesas y en nuestro hígado, por qué no.
Es lo que tenéis que hacer para salir en este blog: marcaros semejante detalle o enviarnos un texto para la sección de Colaboradores.
Esas manos, majo
7 feb
Aunque la gracia de la cosa ésta es que es un juego de cartas en el que las cartas importan poco, la manía de hablar de ellas como si fueran ligues de discoteca es pertinaz. Esa pareja de treses, tan bajita ella, me ha aportado mucho más de lo que parecía a simple vista. Y sí, AQ está muy bien, muy resultona y tal, pero si no podéis ir luego juntos a tomaros un café con leche, ya me dirás.
Valorar manos es de las primeras cosas que hacemos cuando aprendemos a jugar y ya hemos pasado esa fase en la que de tan insensatos le ganamos unos pocos cuartos al que sabe mucho. Un buen día aprendemos que ir con cualquier cosa puede salirnos muy caro, se nos cae el velo y descubrimos que hacer palmas de euforia con los pies por tener un mísero rey mal acompañado es un error de juventud; de infancia, si me apuran. Lo que pasa es que al día siguiente vemos por la tele a Tom Dwan apostar fuerte con J6 y no entendemos la diferencia. Y en realidad es tan sencillo como distinguir a un calvo con mal humor de otro que se ríe de su alopecia: el segundo conoce sus limitaciones y actúa en consecuencia. Más >
Recuerdos de un deportista
3 feb
Un texto de Andreu Matalí
Empecé a jugar al póquer hace ya muchos años solo por el simple hecho de matar horas y más horas en autocares y hoteles. Antes todo era mucho más rudimentario; la fichas eran inexistentes y tirábamos de monedas y algún que otro billete. Cuando las carteras estaban en el maletero apuntábamos las apuestas en libretas; larguísimas listas de positivos-negativos cada vez más difíciles de cuadrar. 
Las barajas eran simples, de cartón. Nada de plastificadas y duraderas, mínimo dos barajas por viaje. El concepto de torneo no existía y el cash o juego en efectivo gobernaba el mundo. Apenas se hablaba de odds, ins, flips… Allí eran cartas a favor, cartas en contra y a conocer a tu contrincante. Las partidas duraban lo que el viaje tardara en terminar o las horas que distanciaban vídeo-comida-entreno-vídeo-cena. Un tío que ganaba estaba obligado a jugar, solo podías irte perdiendo. Internet estaba en sus inicios y a nadie se le ocurría jugarse el dinero en él. En el casino la palabra póquer era un mito y tuvimos que esperar muchos años antes de jugar al caribeño y luego al póquer de círculo, fueran torneos o efectivo. Más >
Sensaciones
1 feb
Uno de los aspectos que más me gustan del póquer son las sensaciones que te genera y sobre todo tratar de identificar las de los demás jugadores para ayudarte a tomar las decisiones que crees acertadas. En el póquer influyen una enorme cantidad de factores que hacen que ganes o que pierdas. Las matemáticas o control de probabilidades son muy importantes, pero las sensaciones que percibes cuando juegas pueden serlo más que el cálculo. Cuando estás en situación de enfrentamiento directo con alguien, tras varias subidas y resubidas de apuesta, las sensaciones que te trasmite tu oponente hacen que tus cartas valgan más o simplemente no valgan nada de lo que matemáticamente valdrían.
Tres orígenes
29 ene
Que el perfil de las personas que juegan a póquer es cada vez más variado es una evidencia en cuanto cada día más gente aprende a jugar. Gracias al influjo de la televisión, de las entrevistas a Leo Margets y de juegos on-line como el de Facebook, mujeres mayores se enfrentan a día de hoy en torneos de todo el país a chavales engominaditos que podrían ser sus nietos. El quiosquero gana al profesor de instituto y un mecánico fondón de veintipocos años se lleva el preciado brazalete. Poco a poco va habiendo de todo en la villa del señor.
No obstante a fuerza de leer revistas, páginas de actualidad sobre póquer y entrevistas a ganadores de torneos con apodos sacados de un relato de Lovecraft vemos algunos perfiles que se repiten a menudo entre los jugadores a los que les van bien las cosas. Curiosamente muchas de las personas que obtienen buenos resultados con las cartas proceden de aficiones y entornos profesionales similares. En concreto, y sin afán clasificatorio, distinguimos tres o cuatro actividades que aparecen constantemente en las biografías y que, pese a no tener ninguna relación la una con la otra, cada una de ellas está relacionada de algún modo con el póquer. Son en primer lugar el deporte, en segundo lugar las finanzas y en tercer lugar otros juegos de mesa. Podemos pensar que las pautas son casualidad o hacernos alguna pajilla divagando por qué hay tantos tenistas, brokers, ajedrecistas o incluso jugadores de Magic que han cambiado o alternan sus actividades originales con el póquer. Mal bloguero sería si no optara por la pajilla. Más >




